julio 18, 2024
Bicicleta en la ciudad

Desafíos de la micromovilidad en Venezuela

Caracas, 2 de febrero de 2023.- Hace algún tiempo ya hablamos sobre la micromovilidad y por qué es una alternativa real y vigente a algunos de los desafíos ambientales, sociales y económicos que nacen del uso de los combustibles fósiles. Hoy compartimos algunos desafíos de la micromovilidad en Venezuela, con algunos ejemplos para superarlos y para que esta nueva tendencia más económica, espaciosa y amigable con el medio ambiente, se termine de popularizar en este y otros países de América Latina.

Infreaestructura y adecuación de espacios

Aunque algunos países como Argentina, Chile y Perú han hecho algunos esfuerzos por acondicionar sus ciudades para dar espacio a bicicletas y monopatines, lo cierto es que en mayor medida los usuarios de ese tipo de vehículos están a su suerte en medio del tránsito vehicular, al no contar con carriles y espacios dedicados específicamente a esta forma de movilidad.

En Venezuela hay algunas ciudades que lo han intentado, como Caracas, pero se limita a alguna que otra ciclovía y al cierre temporal de vías principales de forma temporal para actividades recreativas, esfuerzos que se respetan pero que se quedan cortos.

Las cosas no pintan mejor en el interior del país. Vivo en San Juan de los Morros, estado Guárico, y todos mis traslados diarios, desde las compras de la semana hasta el transporte del niño a sus actividades, lo hago en una bicicleta.

En las pequeñas calles de esta población del centro del país no hay espacio alguno para moverse de forma segura en bicicleta, monopatín, o ninguna otra forma de micromovilidad. Es fácil encontrarse acorralado entre el tráfico y las filas de automóviles estacionados en el hombrillo, y es un peligro frecuente estrellarse contra la puerta de algún conductor que no usó su espejo antes de salir del vehículo.

En una ocasión reciente, mientras llevaba a mi pequeño a su clase de natación, tuvimos que subirnos a la acera en la conocida Avenida Miranda para evitar ser golpeados por una gandola de gasolina que pasó a nuestro lado en ese momento, mantenernos en el hombrillo simplemente no fue suficiente. Siempre llevo a mi hijo con casco y voy a una velocidad prudente, consciente de que él corre peligro, pero a veces todos esos cuidados no son suficientes.

La «Ruta Costa a Costa», es una vereda de 36 kilómetros que cruza Singapur de un extremo a otro, y que se puede recorrer en bici, patines o a pie

Además de eso, no hay espacios destinados para guardar seguramente tu vehículo cuando vas a hacer las compras, algún trámite o diligencia. Promover estos espacios podría motivar a más gente a salir en bicis o monopatines eléctricos, ahorrando tiempo y espacio y contaminando menos.

Un buen ejemplo de países que han adoptado esa alternativa como un estilo de vida es Singapur, que debido a su relativamente pequeña extensión territorial, se ha visto en la necesidad de optimizar al máximo el espacio ocupado por sus zonas urbanas y su infraestructura. El país cuenta con la Red de Conexión de Parques (Park Connector Network), todo un circuito de transporte específico para bicicletas, monopatines y hasta patines que conecta todos sus parques, zonas turísticas y de recreación y que, a la vez, se conecta con las ciclovías de sus principales carreteras, llegando tan lejos como para instalar entre ellas distintas estaciones con todo tipo de provisiones para quienes deciden usarlas.

Es muy fácil, por tanto, dar la vuelta a todo Singapur moviéndose únicamente por esas áreas, lo que aumenta el atractivo de vehículos más ecológicos. Claro, una iniciativa de este tipo quizás no sería la ideal para todas las ciudades o países del mundo, pero podría servir de inspiración para desarrollar soluciones más adecuadas.

Algo tan sencillo como que te apartes del hombrillo para esquivar un auto estacionado y que el conductor detrás de ti se pegue a medio metro de tu bici o monopatín y empiece a tocar corneta, puede terminar en desastre. Clic para tuitear

Cultura y educación

Un desafío que va de la mano con la creación de espacios e infraestructura es sin duda la promoción de la cultura ciclista y la educación pertinente. En mis recorridos por varias ciudades de Venezuela me doy cuenta de que es cada vez más común ver a personas usando bicicletas, monopatines y hasta patinetas. Incluso en mi pequeño San Juan de los Morros, una ciudad dominada por automóviles y motos, ya he contado cerca de una docena de monopatines eléctricos y una creciente cantidad de biciletas.

La adopción a estos medios de transporte existe y crece cada vez más rápido, pero la falta de una cultura apropiada hace que estas personas se enfrenten a mayores dificultades o incluso a un mayor peligro sólo por elegir ese tipo de vida.

No es raro llegar a locales comerciales o instituciones que no cuentan con espacios para aparcar tu vehículo y algunos ni siquiera te permiten dejarlo estacionado frente al edificio. Tampoco faltan las historias de ciclistas que han estado cerca de ser arrollados o, peor aún, han muerto consecuencia de un arrollamiento por culpa de algún conductor que no tuvo la decencia de respetar su espacio, esto pasa porque lamentablemente muchos conductores aún no reconocen a las bicicletas y monopatines como medios de transporte, sobre todo en las grandes ciudades.

Fue hace casi tres años cuando se difundió la noticia de la muerte por arrollamiento de una colega ciclista y comunicadora digital muy apreciada tanto en la ciudad de Caracas como en los rincones digitales del «Internet venezolano». Mayer Oropeza, mejor conocida como @Curiosa, perdió la vida el 2 de marzo de 2020 en Caurimare, municipio Baruta de Caracas.

La noticia llenó de tristeza a todos aquellos que la seguían y compartían sus aficiones. El responsable de su muerte se dio a la fuga, en un vehículo presuntamente de la marca Toyota. Cada año, familiares, amigos y fans le rinden homenaje, pero todavía no se sabe qué pasó con el responsable de su muerte.

Lo peor es que Venezuela cuenta con una excelente normativa para cuidar a quien anda en bicicleta o vehículos semejantes, pero nadie la conoce ni la respeta, y tampoco existe quien asegure su cumplimiento. Educar al ciudadano y velar por el cumplimiento de las normas haría una gran diferencia.

Algo tan sencillo como que te apartes del hombrillo para esquivar un auto estacionado y que el conductor detrás de ti se pegue a medio metro de tu bici o monopatín y empiece a tocar corneta, puede terminar en desastre.

Precios inaccesibles

Otro desafío al que nos enfrentamos quienes defendemos la micromovilidad es el costo de adquirir vehículos de tracción a sangre o eléctricos. Incluso los más económicos rondan los 400~500 dólares como mínimo, un monto que no cualquier venezolano puede costear. Quienes lo hacen, luego deben prepararse para costear los gastos de mantener el vehículo en buen estado, que si bien no son tantos como los de un automóvil o motocicleta, ciertamente no son precisamente baratos.

Para lograr la adopción de esta nueva cultura, es necesario generar planes que incentiven a la población a «subirse al autobús». Algunos países europeos ofrecen créditos para quienes desean adquirir una bici, bici eléctrica o monopatín, ajustando el porcentaje del subsidio según el poder adquisitivo del comprador y la potencia del vehículo.

De nuevo, quizás algo así de ambicioso no sea posible en una economía como la venezolana, pero se puede tomar de ejemplo para diseñar planes semejantes que se ajusten a nuestra realidad.

Al final, los beneficios superan las desventajas: No requieren tanto mantenimiento y no usan gasolina, por lo que son más baratos; no ocupan tanto espacio en las vías, lo que reduce los embotellamientos y los retrasos; y no emiten gases contaminantes y de efecto invernadero, lo que es genial para disminuir la polución y las altas temperaturas de las grandes ciudades.

Es quizás mucho trabajo por hacer, pero por supuesto que valdría la pena.


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Alexis López Abreu

Papá, informático y comunicador, amante de la tecnología, los videojuegos y la bicicleta. Escribo principalmente sobre Android, Windows y la Web, aunque también me gusta aportar lo que se y aprendo sobre las nuevas tecnologías amigables con el planeta.

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